La liebre glotona.

Los psicólogos dicen que somos movidos por deseos, en todo caso, lo importante es saber cuales son los deseos que nos mueven, ya que estos determinan nuestro presente y futuro. La biblia nos incita a vivir por fe, esto es mucho más superador, ya que el deseo es solo una intención y puede tener consecuencias muy negativas si estos no coinciden con los que Dios tiene para nosotros, pero la fe no tiene contraindicaciones.

INTRODUCCIÓN

1 Juan 2:16-17

Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo.

Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.

Un importante dirigente deportivo, conocido por su gran poder e influencia en el ámbito del futbol mundial, portaba un llamativo anillo con la inscripción “todo pasa”, ese era su lema. Basado en esta afirmación se jactaba de decir tanto a sus amigos como a sus enemigos -tenía muchos de ambos- que no hay nada que sea para siempre, que cualquier problema es temporal. Aunque su confesión planteaba que no había nada eterno, sin embargo él se encargó de perpetuarse en el poder como sea. Luego de muchos años de matrimonio fallece su esposa, en ese momento se quitó su anillo y comprendió que el dolor era algo que no iba a pasar tan fácilmente, poco tiempo después fallece él. Su gran poder e influencia edificada por años, no le sirvió de mucho, no pudo ser eterno… todo pasa.

DESARROLLO

2 Corintios 4:18

…no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas.

Todo en el mundo es temporal, es por eso que nuestros deseos deben estar puestos en las cosas que son eternas.

Cuentan que había una liebre muy ambiciosa en el campo, ella decía a sus compañeras que lograría llegar más lejos que ellas, incluso a sus crías les decía sin cesar que el conquistaría lo inconquistable.

Si bien en el campo donde habitaban no escaseaba el alimento, esta liebre siempre miraba con deseo el campo vecino, este estaba protegido por un fuerte tejido alambrado, pero dejaba ver un gran viñedo. La liebre vagaba por días alejada de su familia recorriendo el alambrado en todo su perímetro, buscaba algún punto débil para poder ingresar.

El verde de las vides, el fresco olor a uva, los grandes racimos colgando, todo era a sus sentidos como una provocación. Ella insistía en que si la vid existía, ella tenía derecho a poseerla, pues si Dios no quería que ella coma las uvas ¿para qué existen?.

El cuidador del campo era muy riguroso en la seguridad de su viñedo y lo mantenía libre de intrusos. Un gran día para esta liebre fue cuando encontró un pequeño agujero en el alambrado, ese mismo día entendió que podría lograr lo que tanto había deseado y por lo que había trabajado, sin más se prestó traspasar el tejido, lo intentó de muchas formas pero el agujero no era lo suficiente grande para que cupiera, incluso al intentarlo profirió heridas en su cuerpo.

Al ver que no lo lograría tan fácil pensó, debo trabajar duro para obtener lo que quiero, pero ¿cómo lo haré?, el alambrado era realmente muy fuerte.

Esa noche no durmió, se quedó junto al agujero, ya que temía que si volvía a su hogar, tal vez al regresar al viñedo el tejido esté reparado, ya que el cuidador siempre merodeaba por todos lados para asegurarse que nada dañe sus vides. Como no podía dormir al ver su deseo tan cerca, ideó un plan.

Voy a ayunar- se dijo- Así perderé algunos kilos y podré ingresar, además si paso hambre ahora, mucho más disfrutaré del sabroso banquete. Y eso mismo fue lo que hizo.

Después de varios días sin comer, también observó que el cuidador no se encontraba, supuso que habría viajado, esta era su oportunidad. Finalmente logró pasar por el alambrado roto, no lo podía creer. Eso por lo que tanto se había esforzado estaba frente a sus ojos. Sin mucho preámbulo se dirigió a la vid más cercana y comenzó a comer desaforadamente, se regodeaba en su logro, pensaba: cuando vuelva les contaré a todos de mi éxito, seré reconocido por lograr lo que ninguno de ellos ha logrado.

Cada uva que comía la saboreaba como si nunca antes hubiera tenido tal placer, el viñedo se volvió todo su mundo, solo pensaba en comer y comer y superar cada día su propio record, ya casi ni recordaba a su familia ni amigos, y -cuando lo hacía- pensaba que ellos no saben lo que es vivir, ya que no disfrutaban de ese placer.

Las riquísimas uvas se convirtieron en su único alimento, y aunque ella gozaba de su sabor, se dio cuenta que su dieta fuera de ese viñedo era mucho mas rica en variedad y calidad, que realmente la fortalecía y le daba la energía para enfrentar cada día. En otras palabras, aunque abundaban las uvas, ya no la saciaban, necesitaba algo más, ¿pero qué?, ese pensamiento la agobiaba de día y de noche, ya no hallaba satisfacción en su alimentación.

A los pocos días volvió el cuidador, al notar que las vides habían sido saqueadas por algún animal, tomo su rifle y comenzó a recorrer la viña de un lado al otro, este hombre era muy celoso de sus vides y no permitiría que esto siga sucediendo. La liebre, al notarlo comenzó a huir de un lado al otro del campo, el cuidador notó la presencia de la liebre y se prometio a si mismo deshacerse de ella.

La liebre nunca había sentido tanto temor en su vida, de día y de noche huía, temía dormir y ser hallada, su alimentación monótona no le había dado la energía necesaria para seguir huyendo. Entonces se dio cuenta que debería salir del viñedo, al intentar regresar por donde había ingresado se dio cuenta que el alambre había sido reparado, no tenia escapatoria. Tarde o temprano moriría en manos del cuidador. La persistente liebre no se daba por vencida, pero cada vez el cuidador estaba más cerca de eliminarla.

Buscando sin cesar, la liebre finalmente halló otro agujero en el alambrado, pero este era aun mas chico que el que había usado para entrar, y no solo eso, sino que en su glotonería y mala alimentación, esta liebre tenía un gran sobrepeso, no entraría en ese agujero, no podía huir como cuando era tan ágil que nadie podía alcanzarla, por momentos le faltaba el aire.

El temor se incrementaba cada día, una mañana el cuidador la halló dormida y se fue acercando lentamente, afortunadamente no portaba su rifle, pero estaba decidido a atraparla. Cuando este estaba tan cerca que casi podía tocarla, la liebre despierta, y con sus últimas fuerzas huyó como no lo había hecho en mucho tiempo.

La liebre comprendió que no tenía más opción, debía salir del viñedo como sea. La única solución que podía optar era salir por el pequeño agujero. Por la noche, mientras el cuidador no merodeaba la zona, de dirigió al agujero e intentó salir, el agujero era más chico y ella más grande, no hizo más que lastimar su piel. Las heridas eran profundas pero no se detenía, pensaba, prefiero salir lastimada que no salir.

Al no tener éxito decidió, debo ayunar como lo hice la primera vez, y así lo hizo. Ayunó por muchos días, tantos que ya ni recordaba cuando fue la última vez que disfrutó de su conquista, cada día estaba más débil y más propensa a ser atrapada. Se encontraba hambrienta, herida, en medio del viñedo pero sin poder disfrutarlo, lejos de su familia y amigos, deseando los alimentos ricos y variados que tenía en su hogar, sabía que o moriría de de un momento para otro, sea de hambre o por una bala, ya casi le daba lo mismo.

En sus últimas fuerzas intentó por última vez pasar el alambrado, rasgó su piel como nunca antes, sus heridas fueron aun más profundas, el dolor era inmenso. Entre las vides oía que el cuidador se acercaba. Afortunadamente – si se puede decir así- tantos días de ayuno habían hecho mella en su cuerpo y estaba mucho mas delgada que cuando ingresó a la viña. Con un último esfuerzo logró salir, pero todo no acababa ahí.

El cuidador se acercó al alambrado, y aunque la liebre estaba al otro lado, con su rifle podría eliminarla sin inconvenientes. La liebre sin fuerzas miro al cuidador desde afuera, el campesino la observó detenidamente, vio sus heridas y su debilidad, no tendría ninguna escapatoria, sin embargo, tuvo misericordia de ella y la dejó ir.

Al regresar a su familia y amigos, todo era extraño. La liebre, antes del viñedo, soñaba ese día de regreso como un día de gloria jactándose de sus logros, sin embargo, fue ella la que necesitó de sus cercanos, quienes la cuidaron, la alimentaron, sanaron sus heridas y -sin rencores- la amaron hasta el fin de sus días.

CONCLUSIONES

Volviendo al texto de 1 Juan

Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo.

Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.

¿Cómo podemos tener los deseos correctos? ¿Cómo alejarnos de las tentaciones?

Filipenses 4:6

Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias.

Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.

Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad.

Conocer la palabra es lo que nos aleja del pecado, cuando nuestros pensamientos son los de Dios, cuándo conocemos lo que el tiene y quiere para nosotros, cuando llenamos nuestra alma del verdadero alimento, cuando Dios es nuestro deseo, entendiendo que Él es el único que puede llenarnos y satisfacernos. Será entonces cuando ningún deseo pasajero podrá movernos del propósito eterno de bendición para nuestras vidas.

Las cosas del mundo no podrán nunca satisfacer el hambre que hay en lo profundo del corazón del hombre. La liebre solo pensó en satisfacer sus deseos, sin importarle nada más. Cuando logró su objetivo se dio cuenta que eso ya no era suficiente, ese placer era pasajero y después no le quedaba nada.

Fue entonces cuando entendió:

– Que cuando estamos lejos de quienes nos aman, todo es más difícil.

– Que no tendría nada de que jactarse cuando salga herida

– Que el temor la paralizaba y la muerte la le respiraba casa vez más cerca

– Que estaba muerta en vida

– Que teniendo lo que necesitamos no debemos obsesionarnos por lo que realmente no necesitamos, aunque sea tentador para nuestros sentidos.

– Que buscar el placer propio tiene consecuencias, no solo para uno, sino también para quienes nos rodean y aman.

– Que cuando el pecado te llama es solo para jugar contigo, hacerte creer que eres superior a los demás, que tienes de que jactarte, pero finalmente solo hay lamento.

– Que hambriento por deseo puedes entrar, pero mucho más hambriento y herido terminarás.

– Y que aunque cargues con tus cicatrices y tiempo perdido, siempre podrás hallar consuelo, perdón, cuidado y sanidad en tu hogar espiritual.


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